Desafíos y soluciones en el aprovechamiento de estructuras y materiales existentes

El aprovechamiento de estructuras y materiales existentes enfrenta barreras técnicas, regulatorias y económicas que elevan los costes de rehabilitación entre un 10% y un 25% respecto a obra nueva, aunque soluciones como los pasaportes de materiales y la deconstrucción selectiva reducen el desperdicio al 5-10% del total.

Desafíos y soluciones en el aprovechamiento de estructuras y materiales existentes

Barreras técnicas en la evaluación de materiales existentes

El aprovechamiento de estructuras y materiales existentes se enfrenta a barreras técnicas derivadas de la incertidumbre sobre las propiedades mecánicas y la composición química de materiales envejecidos. Los hormigones fabricados antes de 1970 presentan resistencias características que varían entre 10 y 25 MPa, frente a los 25-50 MPa habituales en hormigones actuales, con coeficientes de variación del 25-35% según estudios del FIB (Fédération Internationale du Béton, 2021). La carbonatación del hormigón avanza a profundidades de 15 a 40 mm en estructuras de 50-80 años de antigüedad, reduciendo la protección alcalina de las armaduras y generando corrosión que disminuye la sección efectiva del acero hasta un 15-30%. La detección de estos deterioros requiere técnicas como la medición de potencial de corrosión (ASTM C876) y la determinación del perfil de cloruros mediante valoración potenciométrica (EN 14629:2007).

Las estructuras metálicas anteriores a 1950 utilizaban aceros con composiciones heterogéneas —contenidos de carbono de 0,15% a 0,35%, fósforo hasta 0,12% y azufre hasta 0,08%— que dificultan la soldabilidad y el cálculo de resistencia según normas actuales. La guía SCI P427 (Steel Construction Institute, 2018) establece protocolos de muestreo que exigen un mínimo de 3 probetas por cada 50 toneladas de acero existente para determinar composición química y propiedades mecánicas. En España, el Código Estructural (Real Decreto 470/2021) incorpora por primera vez un capítulo específico sobre evaluación de estructuras existentes, exigiendo un coeficiente parcial de seguridad incrementado de 1,35 para acero existente (frente a 1,05 para acero nuevo certificado) cuando no se dispone de ensayos suficientes.

Gestión de sustancias peligrosas en edificios antiguos

Los edificios construidos antes de 1990 pueden contener múltiples sustancias peligrosas cuya gestión condiciona las posibilidades de aprovechamiento. El amianto, utilizado masivamente en España entre 1960 y 1984, está presente en forma de fibrocemento en cubiertas (2,6 millones de toneladas instaladas según estimaciones del Observatorio del Amianto, 2022), calorifugados de tuberías, losetas vinílicas y masillas ignífugas. La retirada de amianto exige empresas inscritas en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo de Amianto), con costes que oscilan entre 15 y 60 euros/m² para cubiertas de fibrocemento y entre 80 y 250 euros/m² para calorifugados de tuberías, según datos de ANAVRE (Asociación Nacional de Víctimas del Amianto, 2023).

Las pinturas con plomo, utilizadas en interiores hasta su prohibición en la UE en 1992 (Directiva 89/677/CEE), contienen concentraciones de 1.000 a 50.000 ppm de plomo y requieren encapsulamiento o retirada especializada con costes de 25 a 75 euros/m². Los PCBs (bifenilos policlorados) presentes en condensadores de luminarias fluorescentes fabricadas antes de 1986 y en masillas de juntas de edificios de hormigón de los años 60-70 exigen gestión como residuos peligrosos a costes de 800 a 2.500 euros/tonelada. La Directiva 2011/65/UE (RoHS) y el Reglamento REACH (CE 1907/2006) establecen restricciones que afectan a la reutilización de materiales que contengan estas sustancias. El coste total de la gestión de sustancias peligrosas puede representar entre el 8% y el 20% del presupuesto total de una rehabilitación profunda, según el informe Decontamination Costs in Building Renovation del JRC (2020).

Soluciones regulatorias y pasaportes de materiales

Los pasaportes de materiales constituyen la solución regulatoria más prometedora para superar las barreras informativas del aprovechamiento de materiales existentes. La plataforma Madaster, operativa en Países Bajos, Alemania, Bélgica, Suiza y Noruega, registra la identidad, ubicación, cantidad y calidad de cada material y componente de un edificio, generando un valor residual calculado que facilita las decisiones de reutilización al final de la vida útil. En 2023, Madaster contaba con 5.200 edificios registrados y un valor de materiales catalogados de 12.000 millones de euros. La propuesta de revisión de la Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD refundida, 2024) introduce la obligatoriedad del pasaporte de renovación del edificio que incluirá información sobre materiales reutilizables.

La norma ISO 20887:2020 (Sustainability in Buildings — Design for Disassembly and Adaptability) establece principios de diseño para el desmontaje que facilitan el futuro aprovechamiento de componentes. Entre sus recomendaciones técnicas destacan: uso de conexiones mecánicas reversibles (tornillos frente a soldaduras), separación de capas funcionales (estructura, envolvente, instalaciones, acabados) con vidas útiles de 50-100, 20-30, 15-20 y 5-10 años respectivamente, y etiquetado permanente de materiales con códigos QR o RFID. El proyecto BAMB (Buildings as Material Banks) desarrolló protocolos de pasaportes de materiales para 300 edificios piloto y estimó que su aplicación generalizada podría reducir los residuos de construcción y demolición en la UE en un 25-30%, con un valor recuperable de materiales de 18.000 millones de euros anuales.

Casos de éxito en deconstrucción selectiva y reutilización

La deconstrucción selectiva —desmontaje ordenado de un edificio para maximizar la recuperación de componentes reutilizables— genera tasas de desvío de vertedero del 90-95%, frente al 50-70% de la demolición convencional con separación posterior. El proyecto Park 20|20 en Hoofddorp (Países Bajos), un parque empresarial de 100.000 m² diseñado íntegramente según principios Cradle to Cradle, utiliza contratos de leasing de materiales donde los fabricantes retienen la propiedad de fachadas, suelos técnicos y mobiliario, garantizando su recuperación al final del uso. El sistema ha demostrado que el 92% de los materiales del parque pueden ser reutilizados o reciclados en ciclos cerrados, con un valor residual estimado de 35 millones de euros sobre una inversión total de 200 millones.

En Bruselas, la normativa regional RRU (Règlement Régional d'Urbanisme) exige desde 2019 un inventario previo de reutilización para toda demolición de edificios de más de 1.000 m². El inventario, realizado por profesionales acreditados, identifica los componentes con potencial de reutilización directa (puertas, ventanas, radiadores, vigas de madera, suelos) y su valor de mercado estimado. En los primeros 4 años de aplicación, el inventario obligatorio ha permitido desviar 28.000 toneladas de componentes hacia circuitos de reutilización, generando un mercado de segunda mano valorado en 14 millones de euros anuales, según datos de Bruxelles Environnement (2023). La experiencia belga ha inspirado iniciativas similares en Ámsterdam (obligatorio desde 2021 para demoliciones superiores a 500 m²) y en París, donde la Loi Anti-Gaspillage (AGEC, 2020) establece el diagnóstico de recursos previo a la demolición como obligatorio a partir de 2024 para edificios de más de 1.000 m².


Bibliografía

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